Los límites de la ficción

Publicado en el diario La Verdad.

Esta semana he participado en el festival de novela negra LPA Confidencial. En una de las mesas redondas, nos preguntaron a los ponentes sobre los límites que debemos marcar cuando escribimos un texto. Es decir, cómo abordar una violación o la pederastia, o cómo de explícita debe ser la violencia. Porque la descripción de unos hechos se puede convertir en material pornográfico para agresores, o suponer la revictimización de las víctimas o crear una imagen distorsionada de situaciones y grupos sociales. Es un debate recurrente en las tertulias literarias.

Muchos pensarán que los escritores y escritoras, como artistas, deben ser libres. Que los códigos deontológicos no se hicieron para la expresión artística. Que explorar los límites y traspasarlos es deber de todo creador.

Pablo Neruda, en sus memorias ‘Confieso que he vivido’, contaba cómo violó, cuando era diplomático en Ceilán, a una mujer de la casta más baja, los parias. Estas memorias se publicaron en 1974, y a nadie llamó la atención el pasaje. Manuel Vázquez Montalbán, en el mismo año 1974, describe cómo Carvalho, en su novela ‘Tatuaje’, viola a una mujer e incomoda a una adolescente intentando ver sus bragas. Tampoco levantó ninguna ampolla. Cuando Carlos Zanón publicó ‘Problemas de identidad’ en 2019, la continuación de la saga de Carvalho, dio una visión menos testosterónica que los seguidores de Carvalho no le perdonaron.

En 2010, Lorenzo Silva publicó ‘La estrategia del agua’, una historia procedimental en la que los guardias civiles Chamorro y Bevilacqua investigan un caso donde una mujer se aprovecha de la Ley de Violencia de Género. En ese momento, las denuncias falsas de mujeres para perjudicar a sus parejas masculinas era el tema estrella de los que se oponían a la Ley.

Carmen Mola triunfó en el panorama editorial español, en parte, porque en su saga había pasajes de violencia extrema.

¿Un autor debe sumar su trabajo para la creación de una sociedad más justa? ¿Debe ser políticamente correcto?

Las autoras y autores no somos ajenos a nuestro entorno ni a nuestros problemas personales. Escribir una historia es un proceso de toma de decisiones. Este pasaje, y la manera en que lo cuento, ¿ayuda a comprender el conjunto de la historia? ¿Apoya la tesis de mi libro? ¿Sirve para proponer mi visión del mundo? ¿Me hará vender más libros? ¿Podré afrontar las críticas?

Nuestros textos no son más que el reflejo de quiénes somos en cada momento. La literatura no tiene límites. Los creadores, sí, aunque a veces no seamos conscientes de ellos.