La simbología moral en los personajes femeninos de los inicios del género negro

Cuando hablamos de los inicios del género negro, pensamos en el hard boiled de Chandler o Hammet. Aunque es cierto que antes estuvieron Carroll o Dupin, el detective creado por Poe en 1841, son esos autores, al comienzo del s. XX, los que sentaron las bases de la novela negra.

Sus obras reflejaron una época concreta de la historia norteamericana, en la que la sociedad tenía, a su vez, una manera concreta de ver el mundo. Esto influyó sobre el papel de las mujeres y, por desgracia, se extendió años después de que aquellas concretas circunstancias quedaran atrás.

Tras la Primera Guerra Mundial y en medio de la Gran Depresión, la gente necesitaba desconectar de sus durísimas condiciones de vida, pero también un pilar moral que sustentara sus creencias. La novela negra reflejó estas enseñanzas morales y de tintes cristianos en sus páginas.

El protagonista era, por supuesto, el héroe que luchaba contra el mal, representado por corruptos, mafiosos, ladrones y asesinos.

¿Y las mujeres?

La novela negra ofreció tres tipos básicos de personajes femeninos:

La femme fatale es uno de los iconos, una mujer fuerte, de dudosa moral y amistades peligrosas. Representa la tentación, porque, si el héroe se deja llevar por ella, acabará en manos del villano o, para el caso, en las llamas del infierno.

En el lado opuesto está la víctima. La mujer, joven, hermosa e inocente, asesinada de manera dramática al comienzo de la novela. Ella representa la bondad, pero, sobre todo, el activador que pone en marcha al héroe justiciero. En realidad, ella no importa, solo sirve para recordar al protagonista que no debe permanecer impasible ante las injusticias, que para merecer el cielo debe luchar por la bondad en un mundo plagado de malvados.

Por último encontramos a la secretaria. También puede ser esposa, amiga o incluso la encontramos en las primeras detectives. Es un personaje desexualizado, que adopta el papel tradicional de la mujer sin incorporar ningún atractivo“peligroso” para el protagonista. Es la conciencia del héroe, su “madre”, quien lo cuida y ayuda cuando está perdido. Representa la santa, personificación de la Virgen María, sin la oscuridad que el héroe, humano, sí lleva dentro.

Estos personajes siguen vigentes en la actualidad. La mujer asesinada da comienzo a innumerables historias y la femme fatale sigue siendo la tentación que desvía al héroe de su propósito.

Por suerte, empezamos a ver protagonistas que mezclan estos elementos o incluso crean otros nuevos a la altura del tradicional héroe masculino.